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Hermanas de la Providencia

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Casa Provincial:

+ 56 2 2205 5947 comunicaciones @providenciasp.cl

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Terranova 140, Providencia, Santiago, Chile.

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Lunes a viernes de 9:00 a 13:30 hrs. y de 14:30 a 17:00 hrs.

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La alegría del reencuentro

Por Loreto Fernández M. Oficina Causa de Beatificación Sierva de Dios Bernarda Morin.

El 1 de julio de este 2021 se conmemoraron 51 años desde que las Hermanas de la Providencia de Chile se unificaran con la Congregación en Montreal, Canadá. En esta última la Sierva de Dios Bernarda Morin había profesado, siendo posteriormente destinada junto a otras cuatro hermanas al Oregón, misión que tuvo como resultado la llegada de la Congregación a Chile, ya que al emprender el regreso a Canadá por la fallida misión, como bien sabemos, se vieron obligadas a atracar en Valparaíso, quedándose finalmente en Chile para atender a las y los niños huérfanos.

Al principio las autoridades de la Congregación desaprobaron la decisión de las misioneras, pero tras la correspondencia entre las autoridades eclesiásticas chilenas explicando la situación, tanto Monseñor Bourget como la superiora general aprobaron la obra; de hecho, mandaron más religiosas a la nueva fundación. Sin embargo, un acontecimiento del año 1863 afectaría gravemente a la comunidad. Sor Amable, superiora de la comunidad en Chile, recibió un comunicado para ir a Montreal y ante ello nombró como su remplazante a sor Juana de la Cruz, pero Monseñor Valdivieso, que era el superior eclesiástico, le manifestó que para el remplazo había que estudiar las reglas y, después de hacerlo, le escribió a sor Amable diciéndole que estimaba que era mejor que sor Bernarda –que nada sabía de esto–ocupara dicho cargo. El incidente generó malestar y finalmente terminó con la partida de la mayoría de las hermanas de vuelta a suelo canadiense.

Los motivos de la separación fueron variados y se entrelazaron. La división es siempre una triste posibilidad en los proyectos humanos, marcados por la fragilidad y por el hecho que las personas hasta con la mejor intención, somos falibles. Junto con esto, desde una mirada de fe sabemos que todo acontece para el bien de los que aman a Dios (Rm.8, 28) y que es justamente en esa fragilidad humana donde la Providencia se hace presente y actúa transformando la historia con su gracia. Como muy bien escribiera Madre Bernarda algunos años después de la separación de 1880 a la superiora general de la época: “Al escribir esta carta, querida Madre, me recuerdo que Usted, sor Jean de la Croix y yo, nacimos en la misma parroquia; somos más o menos de la misma edad y hoy formamos un triángulo que abraza a toda América. Que agradece al Cielo el que estos lazos se reestablezcan, que nuestros corazones, nuestras almas y nuestras obras se unan por la práctica de una misma regla…”[i]. La separación canónica y las dolorosas rencillas entre las hermanas no pudieron extinguir el cariño sororal que se sobrepuso a las diferencias y terminó por expandir la obra de la Providencia en el Continente hasta la actualidad.

También en la separación pesó el hecho que las Hermanas de la Providencia eran una fundación reciente, que estaba en su primera etapa de desarrollo. La muerte prematura de Madre Emilia Gamelin en 1850 y la fuerte personalidad de su fundador eclesiástico, Monseñor Bourget, también son factores a considerar. Ampliando esta reflexión desde la perspectiva de género, no podemos desconocer que las relaciones al interior de la Iglesia eran, en ese entonces, de mucha mayor dominación de los varones hacia las mujeres, de las cuales se suponía obediencia a su autoridad y saber. En este punto se debe acotar que el Sr. Gedeón Huberdault, capellán que acompañaba a las hermanas desde su arribo a Chile, tuvo una buena cuota de responsabilidad dada su injerencia poco feliz en todos los asuntos de las hermanas, que dificultaba las relaciones internas de la comunidad y con las autoridades locales.

Otra fuente de conflicto es la que plantea el historiador Fernando Aliaga, en términos de que la comunidad en Chile se enfrentó a distintos modelos de concebir la vida religiosa y su dependencia jerárquica. En sus palabras: “Más allá de interminables acusaciones que llovieron sobre Madre Bernarda desde Canadá, analizando los hechos desde la perspectiva de la historia de la Iglesia en Chile surge un criterio, que está más inspirado en el espíritu misionero y es el aporte que las Hermanas de la Providencia han realizado en beneficio de la evangelización de este pueblo. En realidad, en el momento en que las Hermanas optaron por quedarse en Chile, es un momento de gran importancia, ya que su opción misionera fue constitutiva, en parte, del proceso de desarrollo que el catolicismo iniciaba en lo social, al mismo tiempo, rompe el esquema de trasplante de un determinado modelo de evangelización, condicionado a un modelo de Iglesia nacional, en este caso franco-canadiense, para abrazar la intemperie del seguimiento de Cristo, asumiendo las imperiosas necesidades que la realidad les deparaba en Chile”[1].

La separación con Montreal tuvo distintos momentos que se cristalizaron en algunos hitos, entre los que podemos destacar:

  • Partida de hermanas canadienses de regreso a Montreal el 18 de marzo de 1863. En Chile quedarán siete hermanas y una novicia para hacer frente a tres obras de gran envergadura.
  • Erección en Chile de una Provincia del Instituto de la Providencia, decretado por el papa Pío IX el 5 de abril de 1865 y con su dependencia directa.
  • Erección de la Congregación Hermanas de la Providencia de Chile el 17 de marzo de 1880 por decreto del papa León XIII, que establece la separación definitiva de las religiosas chilenas de las de Canadá.

Hoy, desde la serenidad de mirar a la distancia, nos es posible entender que la ruptura, en sus distintos momentos, fue parte de un proceso de maduración, de un continuo en que más que los errores de cada cual, primó la fidelidad a la misión de todas las involucradas, lo que posibilitó el mantener abiertos espacios de diálogo como cartas, que luego pasarían a visitas y finalmente a la búsqueda de reencontrarse en plenitud. Proceso que, tras la unificación de julio de 1970, sigue en marcha desde la construcción de un proyecto colectivo que hermana a compañeras de ruta desde sus diversidades culturales. Esto no exime de conflictos, pero es una invitación a mirar las diferencias como una riqueza del Instituto de las Hermanas de la Providencia en su conjunto.

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Para más información, visite la página de publicaciones de la Oficina de la Causa de Beatificación de Madre Bernarda Morin o escriba a: centrobernardamorin@providenciasp.cl.


Referencias:

[i] Carta del 20 de julio de 1887 a Rvda. Madre Godofreda, superiora general, de Madre Bernarda Morin. Archivo Provincial.

[1] Aliaga, F. “La entrega sin retorno”, p. 189.

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Imágenes: Banderas de Chile y Canadá, vectores por Vecteezy.