Herederas de culturas milenarias – 
Nuestra palabra viva – 

Cumbayá, Ecuador.

Cumbayá, Ecuador.

Nosotras mujeres de los pueblos Aymaras, Quechuas, Miskitu, Kaingang, Kichwa, Puruhá y Quitucara, junto a hermanas que se solidarizan con nuestro proceso, reunidas en el Segundo Encuentro de Teólogas Indígenas de Abya Yala con el lema: “sintiendo, narrando, haciendo y celebrando el buen vivir, el sumaq kawsay, el suma q’amaña, la vida digna”, los días 12 al 14 de Octubre del 2013, en Cumbayá, Ecuador.

Acogidas por las montañas Cotopaxi, Pichincha y Kayampi que nos irradian con sus energías y nos fortalecen en nuestro caminar; previamente al 7º Encuentro Continental de Teología India y nos solidarizan con la marcha de las mujeres amazónicas que resisten ante la propuesta del gobierno de Ecuador para explotar el petróleo en una de las reservaciones ecológicas más biodiversas del mundo, conocida como el Yasuni ITT (Ishpingo, Tambococha, Tiputini).

Afirmamos nuestra palabra:

En la alegría del encuentro y del caminar como mujeres no podemos limitarnos a lo que aprendimos y a lo que se nos ha enseñado en la iglesia y la sociedad; somos mujeres vinculadas con la tierra, como símbolo de la ancestralidad, de lucha y de vida. Juntas caminamos mirando el horizonte que nos lleva a otros encuentros.

Como parte de nuestra historia ancestral nombramos nuestros sentimientos: la esperanza, la resistencia, la dignidad, el orgullo, la alegría y solidaridad; por otro lado también nos sentimos aún controladas y cuestionadas por el poder dominante; y otras veces con sentimientos de culpa que generalmente nos vienen de los espacios eclesiales y sociales, que generan indignación y rabia contra el sistema que nos marca limites, y al que confrontamos sin miedos ni prejuicios.

Alrededor del árbol, nos reconectamos con el Dios de la vida, creando nuevos vínculos y fortaleciendo nuestras relaciones comunitarias para buscar nuestras raíces profundas a fin de sostenernos en nuestra identidad, en nuestra lucha por derechos, tierra, salud, educación y soberanía alimentaria, entre otros.

Afirmamos que las narraciones y los mitos son parte de las biografías culturales de nuestros pueblos milenarios. Ellos nos mantienen despiertas, atentas a la escucha, o sirven de orientación. Ahí descubrimos el sentido del vínculo con la naturaleza, la armonía en la diversidad, la centralidad en la comunidad y no en la individualidad, los que reflejan el Buen Vivir que nos desafía a comprender la vida de otro modo.

Asumimos que el Buen Vivir surge de la vivencia comunitaria, de la cosmovisión y de la espiritualidad de nuestros pueblos, que comprenden al universo como pariverso, gran comunidad donde confluyen fuerzas y energías de vida de manera equilibrada, teniendo como principios la armonía, equidad, reciprocidad y complementariedad,  relacionados a las dimensiones política, económica productiva, sociocultural y de la espiritualidad; y no es un discurso político clientelar vacío.

Constatamos, a su vez, que un modo hegemónico de hacer teología ha fundamentado la discriminación de género, inter-generacional y cultural, y ha promovido la no valoración a nuestro quehacer teológico como mujeres indígenas.  Por lo que nos preguntamos:

¿Qué nos marca o determina en nuestra experiencia como mujeres indígenas teólogas? ¿Qué imagen de Dios nos fue transmitida?

Desde las sabidurías y las espiritualidades ancestrales descubrimos otros modos de comunicar, de expresar y articular nuestra reflexión teológica, que refleja otras formas de sentir y vivir la presencia de la divinidad en nuestra vida, en nuestros pueblos y en el cosmos. Por lo que seguiremos promoviendo espacios para seguir dialogando y recuperando mitos y narraciones que hablan de la tradición cristiana y las tradiciones indígenas vivificantes.

Desde este Encuentro de Mujeres Indígenas Teólogas estamos desafiadas a romper con la espiritualidad dualista y la teología racionalista; viviendo el proceso de la descolonización de nuestro ser y conectándonos con nuestra subjetividad fecunda como fuentes de agua fresca. Es desde esta interioridad que lograremos afectar y trastocar las realidades de injusticia, exclusión, discriminación, y todas aquellas situaciones que atentan la Vida Digna.

Nos comprometemos con la teología indígena Plural e Intercultural que vincula la fe y la vida, motivándonos a sumarnos a las acciones, luchas, sueños y esperanzas de otras y otros sujetos emergentes.

Finalmente, concluimos con un llamado a los teólogos y teólogas a deconstruir una teología andro- antropocéntrica que desarraiga de la tierra y de la relación armónica con las/os otros seres, y a construir unas Teologías impregnadas del Buen Vivir que genera los vínculos con la Tierra, porque nos sentimos parte de ella y somos Tierra.

Pujilí, Ecuador, 15 de octubre de 2013.