Dando gracias al Señor por su vida y uniéndonos en oración por todas nuestras hermanas difuntas, el 1 de febrero despedimos en una Misa funeral a nuestra querida Hna. Julia (Amelia) Cerda, quien fue llamada a Dios el 30 de enero de 2025 en la comunidad Bernarda Morin, a la edad de 94 años.
Hermanas en Chile y el extranjero se unieron presencialmente y a través de la transmisión por internet, para despedir y agradecer a Dios por la vida de Hna. Amelia, quien dejó una gran huella de amor, compasión, esfuerzo y trabajo, en sus más de 75 años de vida religiosa como Hermana de la Providencia.
Presidió la Eucaristía el padre Jorge Manríquez C.M., capellán de la comunidad Bernarda Morin, ocasión en que también estuvieron acompañando los familiares y cercanos de Hna. Amelia.
Haciendo memoria de su vida, compartimos a continuación la necrología de nuestra querida hermana.
NECROLOGÍA DE HERMANA
JULIA HORTENSIA CERDA CERDA (AMELIA) (447)
En Santiago, 30 de enero de 2025
«El temor de Yavé es la escuela de la sabiduría;
antes de la gloria es necesaria la humildad» Proverbios 15,33
Hermana Julia, o Amelia como la llamábamos, era oriunda de La Serena, donde conoció a las Hermanas de la Providencia. Ingresó a la Congregación el 17 de enero de 1950. Profesó para la festividad de Nuestra Señora de Dolores el año 1952 y efectuó sus votos perpetuos el 28 de marzo de 1958.
Falleció en paz en la comunidad Bernarda Morin, a los 94 años, tres meses y nueve días y 75 años, seis meses y 10 días de vida religiosa.
A lo largo de su vida religiosa fue parte de las comunidades de: San José, Providencia de La Serena, Tocopilla, Provincialato, Comunidad Bernarda Morin, Santa Clara, Hogar San Vicente de Paul, Vicuña, Providencia de Concepción, Hogar Providencia de Valparaíso, Casa de la Providencia de Valparaíso y Ovalle.
Sor Amelia encarnó en su vida nuestro lema de: “Humildad, simplicidad y caridad”, trabajando siempre con ahínco en las tareas que se le encomendaron. Misionó en pastoral social a cargo de niñas y niños internos y ancianas; también estuvo presente en pastoral parroquial y sus últimos años se dedicó a labores de casa. Cuando su salud ya no le permitió seguir en una obra, por estar aquejada de una grave enfermedad, fue trasladada el año 2023 a la comunidad Bernarda Morin y, mientras pudo, se dedicó gustosa a ayudar en la cocina y otros deberes.
De carácter fuerte y voluntarioso, era a la vez silenciosa y reservada. Una hermana de profunda ternura, que quería a sus hermanas y las atendía con dedicación. Tenía un gran corazón que se ponía de manifiesto en el amor con lo que hacía cada cosa que se le encomendaba y especialmente con el esmero que atendió a las ancianas y a los niños y niñas a los que le tocó cuidar.
Tenía gestos que hablaban por ella, como cuando en su último cumpleaños su superiora le preguntó qué quería para celebrar y ella quiso compartir un desayuno con el personal que estaba de turno. Era una mujer que amaba a los pobres y se solidarizaba con ellos, siempre preocupada de que quien la acompañara estuviera bien y recibiera las mismas atenciones que se le daban a ella. Cuando sintió la hora de la muerte, fue a despedirse de sus compañeras de tareas en la cocina.
A lo largo de toda su vida, se entregó confiadamente en las manos del Padre Providente y mostró una filial devoción a la Santísima Virgen. Se mantuvo piadosa aún cuando sus facultades mentales se vieron mermadas. Hasta el final de sus días expresó una natural disposición a la oración y esperó la hora de Dios con serenidad, diciéndole a la doctora que la atendía, si venía para llevarla luego a estar con su Señor.
Se fue apagando lentamente y a quienes tuvimos la dicha de conocerla, nos deja el consuelo de haber compartido con una gran mujer y una religiosa que vivió en la sencillez de la cotidianidad su consagración a Dios.
Damos gracias de corazón por su vida y nos despedimos de ella diciéndole:
DESCANSA EN PAZ Y ORA POR NOSOTRAS