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Hermanas de la Providencia

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Casa Provincial:

+ 56 2 2205 5947 comunicaciones @providenciasp.cl

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Terranova 140, Providencia, Santiago, Chile.

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Lunes a viernes de 9:00 a 18:00 hrs.

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Viviendo esta inaudita Semana Santa 2020

Por Juan Carlos Bussenius, coordinador del Centro de Espiritualidad Providencia.

Viktor Frankl, un psiquiatra que sobrevivió a los horrores de un campo de concentración en la segunda guerra mundial, escribió lo siguiente: “Cuando ya no podemos cambiar una situación, nos encontramos ante el desafío de cambiarnos a nosotros mismos”. Agregamos, desde nuestra fe, que no es solo un trabajo individual, sino también dejar que el misterio de la Providencia, que vive en cada uno de nosotros, pueda hacer lo suyo. Todas y todos estamos, quizás, ya más cansados por el confinamiento y los temores que van surgiendo. De ahí a tener más cuidado, ya que nuestras molestias, como un río, al final comienzan a desbordarse por el mismo cauce. De ahí a tomar conciencia de nuestra falta de paciencia, tristezas, dudas, agresividades… Que nos digamos con cariño (si podemos), como familia o comunidad: “oye estás muy belicosa y ofensiva…”. Así nos vamos corrigiendo. No se trata de dar recetas, lo digo desde mi propia experiencia, por si ayuda…

Madre Bernarda escribía el 30 de marzo de 1911, al iniciar unos ejercicios espirituales: “Lo primero es pedir el don de la oración, lo segundo, el conocimiento de nuestras miserias, defectos, ignorancia (…), de nuestros pecados”. Ella, continuaba diciendo que todo esto era para “ablandar la tierra de nuestro pobre y miserable corazón, tratando de implantar en él, el Espíritu de Nuestro Señor” (Cartas Circulares Nº15). Estas sabias palabras de Madre Bernarda, dichas más de cien años atrás, encuentran hoy día una gran validez, sobre todo en esta inconcebible Semana Santa, producto del Covid-19.

Hoy sale lo peor de los seres humanos, pero también, lo mejor. Es impresionante cómo en la urgencia actual vemos hechos hermosos, cotidianos. Por ejemplo, en mi edificio nos hemos organizado para hacer los aseos y ayudar a las personas mayores que no pueden hacer sus compras. Detalles, teniendo presente grandes causas como el heroísmo de nuestro personal de salud, actualmente.

Hoy  día, más que nunca, -podemos decir-  providencialmente, estamos en Semana Santa. Orar y darnos cuenta de la sombra y oscuridad que tenemos para que el Señor pueda restablecer la sed de generosidad, de paciencia y de alegría madura que, es probable, la hemos ido perdiendo. Nada es accidental y lo sabemos desde nuestra espiritualidad. No vamos al templo porque hoy, tenemos que crearlo en nuestro corazón. No pudimos participar en Domingo de Ramos, pero fue motivo para agradecer lo que hoy tenemos en nuestras casas y las personas que hacen posible que el país continúe. Por ellos y ellas, hay que decir: ¡Aleluya! No podremos concurrir a la eucaristía de Jueves Santo, pero será ocasión para darnos cuenta que el pan que tenemos hoy, puede llegar a ser misterio de encuentro, de acogida y de servicio entre nosotros. Y, lo más clave, que tendremos que realizar el Via Crucis teniendo presente los dolores del mundo y los propios, para esperar confiados la mañana de la Resurrección. Será una gran paradoja, celebrar el mayor misterio de nuestra fe, siendo testigos de tantas muertes, hoy en nuestro mundo.

Esta Semana Santa es una gran oportunidad para que la Providencia nos susurre en el corazón personal, comunitario o familiar, lo que espera de cada uno de nosotros(as) para este tiempo del Covid-19. Dispongamos el corazón, y quizás, será la más importante de nuestra vida, ya que develará a la luz del misterio pascual de hoy, aspectos importantes de nuestro ser y misión, para esta Iglesia y mundo. Solo en la absoluta fragilidad, se puede comprender vitalmente el dolor de la cruz y la Buena Noticia que nos traerá la Resurrección.


Puedes ver esta reflexión en el siguiente enlace a nuestro Canal de YouTube o a través del siguiente video:

 

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