Por Juan Carlos Bussenius, coordinador del Centro de Espiritualidad Providencia.

«Tú que sufriste con Jesús por la salvación de todos, Madre de Dolores, danos un corazón atento al Cristo que sufre en los pobres, los enfermos, los afligidos…».

Más de 40 muertos, 121 personas desaparecidas, 250 heridos, más de 140 personas con traumas oculares, 10.000 detenidos y los impresionantes destrozos en la vía pública son parte del panorama en que nos encontramos hoy en Chile, al iniciar un nuevo Mes de María. No podemos prescindir del contexto, por eso, hay que encarnarlo de sentido.

Hoy miramos a Chile con temor, preocupación y tristeza, pero también con esperanzas, virtud propia del cristiano. La desigualdad mayúscula en que ha vivido nuestro país finalmente reventó, aunque dejándonos adoloridos y peligrosamente a la deriva.  Quizás es parte del “despertar”, pero, por eso mismo, necesitamos hacer un trabajo interior más profundo. No podemos caer en la desesperación; los cristianos tenemos que iluminar desde nuestra fe. Si deseamos tener un verdadero diálogo ciudadano, tiene que surgir de un corazón que ha reflexionado, que lee y que se informa de adecuada manera. Que sabe construir hoy puentes y no muros, entre tanto fanatismo. Recobrar la esencia de nuestra Iglesia, aunque estemos en desolación y menosprecio, que es ser conciencia de pueblo, creyente y organizado. ¡Ser comunidad! Reconocernos como hermanos y no individuos. Construir un espacio de contención en la fe, que tanto necesitamos.

De esta manera, volvemos nuestra mirada a la Virgen, especialmente en su advocación a María de los Dolores, para que interceda ante su Hijo y llegue la sabiduría, bajo la paz y la justicia, que tanto necesitamos para nuestro país.

María de los Dolores nos convoca, entre las oscuridades en las que estamos, para darnos la luz de la compasión, sobre todo, de los que más sufren hoy. Nos reunimos en nuestras capillas y casas sabiendo que nuestra oración llegará a los que están atemorizados soportando la incertidumbre de la movilización a sus trabajos y hogares. Los que están día y noche cuidando sus viviendas y lugares de trabajo por miedo a que los violenten y saqueen. A los niños que no entienden lo que sucede, pero sufren al sentir el temor de sus padres. A la juventud, consciente e inconsciente, que le tocará afrontar el Chile que surja. A los que roban y hacen destrozos, muchos despojados de una vida digna, por un sistema injusto y segregador. A las autoridades, para que reamente logren destrabar tanta desigualdad y Chile cambie. Será una oración poderosa que necesitamos urgentemente y que nos llevará a colaborar con entusiasmo y creatividad, en los movimientos sociales y en las justas demandas ciudadanas. María nos ayudará en la reconstrucción de nuestro país, dándonos la sensibilidad, en la cual forjó a su Hijo, frente a toda situación de miseria, debilidad y sufrimiento.

Agradecemos este bendito tiempo para expresar, desde lo más profundo: Tú que sufriste con Jesús por la salvación de todos, Madre de Dolores, danos un corazón atento al Cristo que sufre en los pobres, los enfermos, los afligidos…