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3 de octubre 2013 – Un lindo día soleado fue el marco de los festejos a las hermanas jubilares de nuestra provincia, llevados a cabo el día 14 de septiembre, vísperas de la festividad de Nuestra Señora de Dolores.

La celebración de las hermanas, que cumplieron bodas de oro y plata de vida consagrada, se realizó en el 160 aniversario de la llegada de la Madre Bernarda Morín a Chile. El Arzobispo de Santiago, monseñor Ricardo Ezzati, presidió la Eucaristía realizada en la parroquia de la Divina Providencia, ante una multitud de familiares y fieles.

“Necesitamos de una madre”, señaló el Arzobispo durante su homilía, “de la madre de Jesús que se hace nuestra madre para que nuestra vida llegue a asemejarse a la vida del mismo Jesús. Para cada uno de nosotros la invitación es acoger a María en nuestra casa, en la casa de nuestra vida, en la casa de nuestras familias, en la casa de la Iglesia, en la casa de la humanidad”. Dentro de este marco espiritual, explicó, las religiosas celebran el aniversario significativo de su consagración al señor y de su pertenencia a una comunidad religiosa.

“La vida de una persona que acoge la consagración que el Espíritu Santo hace de ella, y que hace profesión de una vida evangélica, no será una vida desperdiciada”, dijo monseñor Ezzati. “La Iglesia, sin la vida consagrada”, agregó, “no sería la Iglesia que Jesucristo ha querido, no tendría la fecundidad que Jesucristo quiere de su comunidad, no tendría esa expresión tan fuerte de lo que es la Iglesia, de ser una comunidad extrovertida al servicio del mundo, especialmente de las necesidades más fundamentales de las personas humanas”.

“La comunidad que hoy día celebra este aniversario y el de la llegada a Chile de aquella que inspiró la obra” indicó, recordando a Madre Bernarda Morín, “llega a decir que la vida consagrada de estas hermanas son un don de Dios para la Iglesia, son un signo profético para la vida social, un ejemplo por donde la humanidad está llamada a atravesar para realizar el proyecto de amor que Dios tiene sobre nosotros”.

Tras agradecer especialmente a las hermanas que celebraron bodas de oro (Ana Teresa Araya, Cecilia Díaz, Ema Maureira, María Teresa Maureira y Viviana Saavedra) y bodas de plata (Jacquelina Suárez), el Obispo invitó a todas ellas a “redescubrir constantemente que el don que han recibido es un don que debe ser también transmitido a través de la experiencia de su propia vida a muchas otras mujeres, a muchas otras jóvenes, para que la fecundidad de su servicio en la Iglesia, de su vocación en la Iglesia, pueda seguir enriqueciendo el camino de este tiempo de nueva Evangelización y este tiempo de cambio cultural”.

Compartimos con ustedes las notas de prensa que aparecieron en portales de internet:

Fuente imágenes y nota: Comunicaciones Iglesia de Santiago. www.iglesiadesantiago.cl.