Por Juan Carlos Bussenius, Coordinador del Centro de Espiritualidad Providencia (CEP).

En época de fin de año comienzan las evaluaciones y las revisiones de todo lo transcurrido. Aparece lo bueno y lo malo, las alegrías y las penas. Hay años muy importantes porque marcan la vida y desde ahí, tiene sentido todo. Hay años que quisiéramos borrarlos porque han ido de mal en peor, y existen otros que son intrascendentes. Estos períodos de la vida diseñados por el ser humano, con sus 365 días, construyen la historia, generando lo que somos.

El tiempo en la vida se va construyendo por las propias decisiones, las inevitables -por ejemplo, un desastre- y las que otros escogen por nosotros. Quisiéramos siempre tomar el buen rumbo y navegar por aguas tranquilas, pero surgen los imprevistos y las tormentas. Las causas las atribuimos a la “mala suerte”, el karma, el destino y un cuanto hay, pero no nos damos cuenta que existe un misterio profundo que va marcando y sosteniendo lo que sucede. Dios acaece en la historia humana con su rostro de amor; esto es la Providencia. Hay un fundamento en toda la creación que sostiene un modo “bueno”, aunque veamos tanta maldad.  Hay una consistencia profunda, por eso nada es casualidad o coincidencia, porque detrás de todo hay un sentido, aunque sea tremendamente doloroso. Dios respeta tanto a la creatura que la hace libre pudiendo inclusive irse por el camino del mal. La Providencia de Dios permite la libertad de escoger (libre albedrío) y así el ser humano es responsable por sus acciones, aunque sea escogiendo el mal y cayendo en lo que la teología llama pecado. Es por esto que Dios no puso las esperanzas para enfrentar todas las consecuencias del mal en la humanidad. Familiarizado con el dolor y el sufrimiento, Dios puso esta esperanza en su Hijo Jesucristo. Este misterio acaece en lo que llamamos Providencia, es decir un movimiento de amor que está detrás de todo lo que nos sucede, sosteniendo la confianza.

Nada es casualidad o coincidencia y, al revisar un año que comienza a irse, podemos atisbar como la Providencia ha estado muy presente, aunque sintamos que haya sido un mal año. No se trata de contentarnos con una aceptación pasiva, pensando: “Dios lo quiso así”.  Al contrario, se trata de colocar nuestra esperanza en la Providencia amorosa, como es Jesucristo, examinando que quizás hay mucho que hacer todavía. Si estoy enfermo, y sólo me quejo por esta situación y me pregunto “¿por qué Dios me ha dado esto?”, evado la libertad que tengo para asumir también las causas de mi enfermedad o lo que he producido a otros con ella. Las situaciones son complejas, existiendo una red de decisiones y situaciones que han llevado a mi actual situación. Revisar lo que me sucede y la posibilidad que siempre tengo de discernir permanentemente para cambiar es construir una Espiritualidad de la Providencia. Hacer silencio, meditar y recordar lo que me ha llevado a la actual situación es importante. Aquí encontramos caminos con la ayuda también de otros que hayan tenido sendas parecidas, y, por supuesto, llevar a la oración todo.

Providencia es símbolo de confianza. Una actitud madura que implica mucha fe. Ya hemos expresado que no es sencillamente una aceptación pasiva de lo que sucede, sino tener esa mirada profunda que logra atisbar que “esto no puede ser todo”. Toda transformación se fragua en la confianza en Dios Providencia y su designio amoroso.  En estos tiempos, marcados muchas veces por el miedo y la desconfianza, hace muy bien al alma y al cuerpo pensar y sentir que todo lo que nos sucede no es accidental; hay algo más profundo, aunque no lo visualicemos todavía. Es la presencia de Dios Providencia que nunca nos deja solos, al contrario, en los momentos más duros está presente ya que es presencia amorosa. Es Dios con su rostro paternal y maternal que nos sostiene y nos hace siempre avanzar. Una de sus expresiones son las personas que nos aman y que, cuando menos esperamos, están ahí con su abrazo generoso. ¡Gracias por el año que va terminando! ¡Gracias por el que va a comenzar! ¡La Providencia siempre estará presente!