La siguiente reflexión personal fue compartida por la Sra. Juanita Tapia en el panel denominado “Madre Bernarda en mi propia vida: compartiendo experiencias”, realizado el 27 de agosto de 2019 en el contexto de la Muestra Madre Bernarda en la memoria y el corazón.
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¿Cuántos años hace que escuché el nombre Bernarda Morín? 48 o 50 años.

Supe con el tiempo que era una monjita que había llegado en un barco pequeño a Valparaíso, desde un país lejano llamado Canadá. Mis hijas, que empezaron a estudiar en el Colegio Santa Clara, me fueron involucrando en actividades del colegio, celebraciones, el día de San Bernardo, concursos de poemas y canciones dedicadas a esta monjita.
Siempre el tema era que había llegado en un barco; más de su vida, no sabíamos. Yo era una madre muy joven dedicada a toda la formación de las niñas junto a mi esposo. Tratábamos de hacer lo mejor posible nuestra misión de padres; debo reconocer que yo era de poco hablar, solo escuchaba. Mi familia aumentó y seguimos siendo apoderados comprometidos.

No me di cuenta cuando cambió en mí el conocimiento de Madre Bernarda y empecé a ponerle apellido “Hermana de la Providencia”. Mi esposo en las conversaciones familiares de sobremesa recordaba que él había conocido a estas monjitas en su querido Temuco; con picardía de niños, pasaban a pedir pan con sus compañeros de colegio al convento, como decía él.

Siempre juntos trabajamos en lo que fuera necesario en los Colegios Santa Clara y Santa Rosa, como scout, siempre listos.

No pensé que algo estaba germinando en mí, solo quería que otros conocieran esta historia. Esta congregación había sido fundada en Chile por esta monjita canadiense, que al llegar a nuestro país no tenía más de 20 años, no conocía el idioma y nunca volvió a su país. Me involucré en su historia con el corazón.

Cuando mi hija mayor nos dijo que quería ser Hermana de la Providencia, me imaginé que la perdería, que no la vería más, como madre Bernarda a su familia. Pero fue todo lo contrario; Madre Claudia Vargas en ese periodo era superiora y me invitó a ser Asociada Providencia (AP). Fui conociendo más de la congregación y de todo lo que la madre Bernarda había hecho en Chile, toda la entrega, fundaciones de hogares, colegios, casas de reposo, atención de heridos en la guerra, realmente admirable.

El año 2005, hermana Nancy me invita a formar parte de un comité, el Comité de Laicos Pro Beatificación “Madre Bernarda”. Esto para mí se convirtió en una lucha constante, hablar de ella, hacer cosas para que la conozcan. Muchas veces, las personas que formábamos este comité nos desalentábamos, yo les decía: Madre Bernarda no quiere ser santa, porque siempre lo fue. Pero hoy creo y estoy convencida de que ha llegado el tiempo para que lo sea.

También hoy me doy cuenta que me he empapado de la espiritualidad que esta monjita enseñó a sus hijas y que sigue manifestando de diversas maneras en ellas y en los laicos que formamos la familia Providencia.

Quiero terminar con un pensamiento de Madre Bernarda que para mí es un escudo:
“No hagamos paz con nuestros propios defectos, no sirvamos a Dios a medias, démonos a Él enteramente y con todo amor”.

Juanita Tapia
Asociada Providencia
Miembro del Comité de Laicos Pro Beatificación
Voluntaria del Comedor Emilia Gamelin