Por Fernando Aliaga Rojas, Doctor en Historia.

El análisis de los escritos de Madre Bernarda, especialmente de sus cartas, irradian un carisma y una mística tan profunda que más que una propuesta de fundación institucional de una Congregación, lo que ella nos ha dejado como legado es el contenido valórico y humanizante de la propuesta de un proyecto educativo pastoral, cuyas coordenadas constituyen una respuesta a la problemática socio cultural de la juventud de su tiempo, siendo ciertamente válidas para la realidad de nuestros días.

En el presente escrito, se han sistematizado en cuatro coordenadas el contenido de este proyecto educativo pastoral, teniendo en consideración el desafío que hoy nos presenta el ambiente de nuestra sociedad, donde afloran problemáticas tales como la drogadicción, las madres adolescentes, la pedofilia, etc. Se descubre en el epistolario de Madre Bernarda la razón por la cual jovencitas, como Virginia Smith y tantas otras, quisieron compartir con ella el apostolado de la promoción de los huachos, de las mapuches y de los marginados de la sociedad chilena.

Queremos compartir la relevancia que significa en nuestro apostolado el vivenciar la presencia de la Providencia en nuestra vida religiosa y en el ambiente de nuestra comunidad, que es lo específico que nos propone, hoy en día, el proyecto educativo pastoral de Madre Bernarda.

Nuestra primera coordenada en este proyecto enfatiza el principio central de la educación cristiana, iluminado desde una dimensión teológica que nos proporciona la espiritualidad del Dios Providente y que está orientada a hacer de la persona, el o la joven, un sujeto responsable y protagonista de su propio proceso de crecimiento y madurez humana. Dicho principio pedagógico insiste en hacer tomar conciencia al educando que la Providencia le ha señalado un proyecto de vida, esto es, que él como sujeto debe tomar consciencia que tiene una misión personal que realizar a lo largo de su existencia. Más que imponerle la creencia en Dios, le aporta un acompañamiento en su propia experiencia de Dios, al cual debe descubrirlo presente en sus propios ideales, en su razón de ser, cuestionándose “para qué vivir”.

La segunda coordenada integrante de este proyecto de “pedagogía de la bondad” es el factor de la “cercanía”, como elemento integrante en la vocación del educador, y que el o la joven debe experienciar en su vida de colegio. Importa destacar en Madre Bernarda a una orientadora educacional con capacidad de desarrollar en cada niño o niña una responsabilidad y toma de consciencia de su persona y de sus cualidades, lo cual era producto de su presencia en el patio y de un acompañamiento en la vida de colegio. Esta cercanía con cada joven se manifestaba en estar siempre disponible para acoger y escuchar, en cada problema y dificultad.

La espiritualidad del Dios Providente debe traducirse en una tercera coordenada que es hacer aflorar en el colegio o en la comunidad un espacio de convivencia. Ello es una consecuencia, no de una imposición disciplinar rigorista de un reglamento, sino de la respuesta personal al desarrollo de una convivencia que es compartida con los educadores. Ambiente de alegría, de amistad y de respeto mutuo que es manifestación de un compartir en la comunidad escolar la presencia del Dios Providente. El Proyecto educativo de Madre Bernarda es una propuesta transformadora del Colegio o Comunidad que en todo momento favorece la integración humanista y la tolerancia, en un ambiente que se define en torno a los valores de la amistad, de la relación interpersonal de los educandos y educadores, quienes mancomunadamente cultivan el respeto mutuo y la superación de la violencia.

Finalmente, la quinta coordenada que tipifica el Proyecto educativo pastoral de Madre Bernarda, es la dimensión social, la cual está fuertemente influenciada por el referente del compromiso social que Madre Emilia le trasmitió en su patria como Carisma fundacional y que define a las religiosas de la Providencia “Servidoras de los Pobres”. En consecuencia, toda la acción pedagógica de las discípulas de Madre Bernarda debe estar orientada a constituir del educando un actor social que lucha por la justicia como expresión de un permanente proceso de humanización entre los marginados.

Importa consignar que el rol histórico cumplido por Madre Bernarda en Chile ha sido el elevar la condición humana y ciudadana del “huacho”. Su propuesta, en la historia de nuestros días, es la construcción de una Iglesia donde la solidaridad sea el catalizador de los que escuchan la voz del Evangelio y descubren en el necesitado al Cristo sufriente.