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Hermanas de la Providencia

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Casa Provincial:

+ 56 2 2205 5947 comunicaciones @providenciasp.cl

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Terranova 140, Providencia, Santiago, Chile.

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Lunes a viernes de 9:00 a 13:30 hrs. y de 14:30 a 18:00 hrs.

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Despedimos a Hermana Mariana Peña quien comienza a trabajar en Haití

EnvioHnaPeñaCABECERA5 de agosto de 2014 – Con una hermosa y sentida Eucaristía, el pasado 11 de julio se efectuó el envío misionero de nuestra Hermana Mariana Peña, quien irá a trabajar a Haití.

La despedida contó con la presencia de Hermanas y personas de la comunidad Educativa Santa Rosa, lugar donde Hermana Mariana estuvo destinada hasta la fecha.

En la oportunidad recibió su envío de parte de nuestra Superiora Provincial, Hna. Ana Teresa Araya, cuyo texto rescatamos a continuación:

Envío Hermana Mariana Peña

Muy queridas Hermanas, familia de Hermana Mariana y amigas y amigos todos:

EnvioHnaPeñaCon inmensa alegría, en nombre de la Provincia Bernarda Morin y junto a ustedes,  simbólicamente de toda la Iglesia peregrina, despedimos a una Hermana, que fiel a su vocación cristiana de proclamar la Buena noticia, hoy parte a una nueva misión.

El Concilio Vaticano II nos recuerda que: La Iglesia, sal de la tierra y luz del mundo, se siente llamada con más urgencia a salvar y renovar a toda criatura para que todo se instaure en Cristo y todos los hombres constituyan en El una única familia y un solo Pueblo de Dios […] La Iglesia debe caminar, por moción del Espíritu Santo, por el mismo camino que Cristo siguió, es decir, por el camino de la pobreza, de la obediencia, del servicio, y de la inmolación de sí mismo hasta la muerte, de la que salió victorioso por su resurrección, pues así caminaron en la esperanza todos los Apóstoles, que con muchas tribulaciones y sufrimientos completaron lo que falta a la pasión de Cristo en provecho de su Cuerpo, que es la Iglesia.

La actividad misional tiene también una conexión íntima con la misma naturaleza humana y sus aspiraciones. Porque manifestando a Cristo, la Iglesia descubre a los hombres la verdad genuina de su condición y de su vocación total, porque Cristo es el principio y el modelo de esta humanidad renovada, llena de amor fraterno, de sinceridad y de espíritu pacífico, a la que todos aspiran. Cristo y la Iglesia, que da testimonio de El por la predicación evangélica, trascienden toda particularidad de raza y de nación, y por tanto nadie y en ninguna parte puede ser tenido como extraño (AG 5-8).

Y desde América Latina, la Conferencia de Aparecida hace hincapié en que: Los discípulos, quienes por esencia somos misioneros en virtud del Bautismo y la Confirmación, nos formamos con un corazón universal, abierto a todas las culturas y a todas las verdades, cultivando nuestra capacidad de contacto humano y de diálogo. Estamos dispuestos con la valentía que nos da el Espíritu, a anunciar a Cristo donde no es aceptado, con nuestra vida, con nuestra acción, con nuestra profesión de fe y con su Palabra. […] Sabiendo que la misión de la Iglesia es revelar a Jesucristo y su Evangelio con la santidad de vida (cf. Aparecida, 377).

La misión arranca de la Trinidad, de su vida de comunión, de su amor compartido. El amor se comunica y con él, el gozo y la esperanza, y rompe siempre las fronteras. Por eso la misión es compartir vida, gozo y esperanza.

Hermana Mariana: ¿Quieres ir donde el Señor te señala, fiel a tu consagración bautismal y a tu vocación a la vida religiosa, viviendo tus votos con gozo y esperanza como signo de la resurrección futura?

Respuesta: Sí, quiero.

¿Estás dispuesta a que tu vida sea testimonio de la presencia amorosa de Dios Providente y de la compasión de nuestra Madre de Dolores?

Respuesta: Sí, estoy dispuesta.

¿Te comprometes a descubrir a Jesucristo en las personas que sufren y a servirlo en toda obra de misericordia, dejándote tocar profundamente por el Cristo pobre y necesitado?

Respuesta: Sí, me comprometo.

Entonces, En nombre de Dios y de la Provincia Bernarda Morin,  te enviamos a la Misión de Haití. Anda con un corazón receptivo que te permita dejarte evangelizar por los pobres, a comprometerte con el pueblo de Dios, a estar atenta a la voz del Espíritu, para buscar el mejor medio de encarnar la Providencia de Dios en tu vida y en la de tus hermanas y hermanos.