Por Juan Carlos Bussenius, Coordinador del Centro de Espiritualidad Providencia (CEP).

Comenzamos un nuevo año y una actitud sana es llenarnos de esperanza y de confianza para lo que nos traerá este nuevo periodo. No es ilusión o un eslogan publicitario, todo lo contrario, es colocar nuestra confianza en la Providencia, una vez más. Suceda lo que suceda Dios nos acompañará y nos mostrará su rostro en los que luchamos por su Reino. Caminar, aunque sea en la oscuridad, pero con la luz del Señor en el corazón. La confianza es una actitud psicológica básica para vivir y, a nivel espiritual, nos hace madurar porque nos coloca en actitud de búsqueda responsable por la manera como la Providencia se hace presente.

La esperanza y la confianza son grandes y santos deseos. Se pueden convertir en pasiones y, por lo tanto, en logros. Las Madres Emilia y Bernarda fueron “apasionadas” por Jesucristo y esto las llevó a luchar y a perseverar en su misión, a pesar de los sacrificios, dificultades y problemas.

Todos los deseos son experiencias reales, pero naturalmente, no todos son “grandes y santos deseos”. Tenemos que discernirlos para saber cuánto tienen del mal o del buen espíritu. Con todo, soñar e imaginar grandes y santos deseos ensancha lo humano y lo divino. No podemos esperar sino podemos imaginar posibilidades. Una analogía de esta situación se produce en los que están deprimidos y, por lo tanto, necesitan que un terapeuta les diga que “es posible un cambio”. Hay que dejar que el Señor nos estimule a grandes y santos deseos frente a lo que somos y hacemos, no cayendo en la rutina o “creer que ya no es posible”. Una sana actitud psico-espiritual será tener deseos de tener deseos. Comenzar un nuevo año es una ocasión privilegiada para soñar e imaginar grandes y santos deseos. Estos nos darán una perspectiva grande y sabia desde la Providencia de Dios que siempre es dinámica, creadora e inaudita.

Por lo tanto, nos preguntamos: ¿Cuáles son nuestros grandes y santos deseos para el 2018? Como religiosa o laic@ que trata de seguir al Señor desde la espiritualidad de la Providencia, ¿cuáles son mis aportes para este nuevo año? ¿Qué me dirá el Señor al comenzar un nuevo año? ¿Cómo crecer en mi capacidad de ternura hacia dentro y hacia afuera? ¿Cómo estoy cultivando mi propia interioridad? ¿Cómo está mi capacidad de comunicación y de manejo de conflictos? ¿Cómo estoy en relación al autocuidado? ¿Cómo estoy en relación al perdón? ¿Cómo está el cultivo de la interioridad? Y así podemos agregar otras preguntas que sabemos que son vitales para nosotros(as)…

La vida es un continuo y complejo proceso de aprender y desaprender. También un cúmulo de ocasiones perdidas en las que “decidimos” no querer hacer nada por rutina o por “creer que ya no es posible”. Iniciar un nuevo calendario es una ocasión privilegiada para favorecer una reflexión que lleve a “aprender a desaprender” y a desafiarnos a nuevas rutas del alma y de cuerpo. Una llave son los “grandes y santos deseos” para esta caminata. Es probable que al profundizar en esto nos topemos con novedades inesperadas que nos ayuden a modificar nuestra vida, la de los demás, y también acercarnos más al Señor. Al abrazarnos no solo estaremos cumpliendo un ritual, sino una expresión que marque pistas y sugerencias creativas desde nuestro propio momento vital. ¡Feliz atrevimiento a que la Providencia pueda renacer también en cada uno de nosotros(as)! ¡Feliz año nuevo!