Por Juan Carlos Bussenius, coordinador del Centro de Espiritualidad.

“El viaje de las Hermanas de la Providencia, en aquella época tan fecunda en aventuras, fue considerado como una verdadera odisea. ´En la historia patria al menos, dice B. Vicuña Mackenna, no conocemos nada parecido a su camino´…”.

Donoso F. 1949. Bernarda Morin. Su vida y personalidad. Santiago de Chile: San José.

Amanecía el viernes 17 de junio de 1853, cuando llegan a Valparaíso las cinco religiosas canadienses que la Divina Providencia había aventurado a Chile. Luego de un viaje de once semanas, tocan tierra finalmente la Madre Victoria Larocque, Sor Amable Dorión, Sor María del Sagrado Corazón Bérard, Sor Dionisia Benjamina y Sor Bernarda Morin. Culmina un azaroso viaje para iniciar otro: el camino de la Hermanas de la Providencia en Chile.

Conocemos la historia de nuestros inicios, especialmente la presencia y la fortaleza de la Madre Bernarda, que fue configurando, durante cuarenta y cinco años, el ser y la misión de la Congregación en el país. La Providencia la convirtió en nuestra fundadora, teniendo la inspiración vital de fondo de la Madre Emilia Gamelin y monseñor Ignace Bourget. Recordamos agradecidas, toda esta bella memoria, engarzada de testimonios, sacrificios y servicio, sobre todo con los más empobrecidos. Huérfanos, enfermos, ancianos, mujeres y tantos otros, se convirtieron en rostros de Cristo para la naciente Congregación de las Hermanas de la Providencia en Chile. Miramos agradecidas al Señor por estos comienzos y la conmovedora historia posterior, que nos desafía para los tiempos actuales. Podemos decir, convencidas: ¡A 166 años, existe un camino que continúa!

Los tiempos fundacionales, son un acervo de fe y de sabiduría, especialmente, cuando surgen testimonios, como el de Madre Bernarda Morin, que marcó la senda, de la Congregación en Chile. Desde su figura -tan viva entre nosotras- nos atrevemos a discernir en estos tiempos actuales, nuestra presencia y entrega a este angosto y largo país.

Nos empapamos del ayer, para descubrir lo que la Providencia nos desea expresar hoy. Es un ejercicio de discernimiento, frente a esta realidad, eclesial y social, de sombras y de luces. Desde nuestro ser religioso y con la gracia, de la humildad, simplicidad y caridad, nos preguntamos, como lo decía el Padre Hurtado: ¿Qué haría Cristo en mi lugar? Un espacio personal pero, sobre todo comunitario, para “proclamar la Providencia como la presencia amorosa de Dios, activa en nosotras y a través de nosotras, velando sobre el universo creado y atenta a las necesidades de todos” (Constituciones N°7).

Nos motivan los increíbles hechos del ayer, para atrevernos a encarar los desafíos de hoy. De esta manera, con los nuevos rostros de los huérfanos de hoy. Con la educación de calidad y cristiana. Con una entrega digna a los adultos mayores. Con la consciencia de hacer algo concreto para una ecología integral. Con el atrevimiento de evangelizar creativamente en una iglesia fragilizada, como es la chilena. Nos motiva la fe y la entrega de las que llegaron hace un siglo y medio, para continuar, con nuestras debilidades y gracias, porque sabemos que la Providencia nos sigue llamando y animando para estos tiempos actuales.