Por Juan Carlos Bussenius, Coordinador del Centro de Espiritualidad Providencia (CEP).

 

“Nada es coincidencia, todo es Providencia”.

Lo más probable es que digamos la frase anterior muchas veces los que trabajamos y somos sensibles a la Espiritualidad Providencia. Sin embargo, ¿nos hemos preguntado qué es lo que puede decidir que sea una u otra? ¿Una buena o una mala noticia serán coincidencia o Providencia? ¿Cómo podemos saber cuándo es sencillamente una coincidencia o estamos en el ámbito de la Providencia?  Hay que “entrar a picar”, como dicen los gasfíteres; miremos qué nos dice la teología.

Dios se comunica y se manifiesta a todas las creaturas de manera libre. El Papa Juan Pablo II decía: “La Gracia junto con la libertad humana constituye esa misteriosa presencia de Dios a través de la historia la cual es la Providencia”. Dios siempre se está haciendo presente, pero respeta desde el amor que nos tiene la manera en que se hace presente. Es como un papá que tiene mil maneras para hacer sentir a su niño recién nacido que lo ama. No porque no desee aparecer, sino porque el niño no puede comprender todavía quién y cómo es su padre. En el misterio de Dios, necesitamos desplegar todo lo que somos a través de la oración, la meditación, los valores del Evangelio y sobre todo, la solidaridad con los más pobres para “escuchar y sentir su presencia”. Dios siempre está, y través de Jesús se manifiesta, pero su palabra es tan plena y profunda que implica recibirla con un corazón dispuesto. Somos como una semilla que necesita una buena tierra para que pueda romperse y abrirse a la vida.  Ese terreno es la “sensibilidad” a la experiencia espiritual. En otras palabras, si estamos distraídos con esta sociedad de consumo y muy egocéntricos, será muy difícil que podamos sintonizar con la señal de la Gracia.

Regresando a la pregunta: ¿Cómo saber si es coincidencia o Providencia? Tiene que ver con la apertura a la Gracia y el desarrollo posterior del acontecimiento en un discernimiento eficaz.  Lo grafico con la compleja situación que vive el episcopado y la iglesia en Chile. Todo lo que ha sucedido, si finalmente se va a transformar en respeto, verdad, justicia, solidaridad con las víctimas, con cambios necesarios y reales, etc., será Providencia. Si va en la dinámica contraria, solo será una triste coincidencia. Confiamos en que el Papa Francisco desea Providencia. Un hecho para que se convierta en presencia amorosa de Dios, significa esfuerzo y laboriosidad para que así suceda de parte nuestra, aunque la gracia puede actuar sin mediaciones también. Sin embargo, desde nosotros(as) somos Providencia cuando encarnamos las palabras y acciones de Jesús y las ponemos en práctica. Cuando vivimos en los valores del Evangelio somos co-creadores y todo es Providencia.

Por tanto, cuando decimos “nada en coincidencia, todo es Providencia”, es un llamado y una responsabilidad para ser trabajadores(as) del Reino. Las grandes mujeres de nuestra congregación que estamos recordando con estos aniversarios, como lo fueron Madres Emilia, Bernarda y Joseph, se entregaron radicalmente y, por tanto, contribuyeron a la obra de la Providencia.

“Todo es providencia” es una decisión, con todas nuestras debilidades, pero que Dios lo transforma y lo fecunda para el bien; es un discernimiento en la acción. En estos momentos oscuros para nuestra Iglesia de Chile, el llamado es que sea todo Providencia, y aquí estamos todos y todas para asumir tareas y responsabilidades como consagradas y laicos(as).