Por Juan Carlos Bussenius, Coordinador del Centro de Espiritualidad Providencia (CEP).

De esta manera tituló el Papa Francisco su mensaje para la Cuaresma de este año, tomado de la expresión de Jesús en el Evangelio de Mateo (24,12). Es una desgarradora frase, dicha en el Monte de los Olivos donde comenzara la pasión del Señor. Anuncia el Señor una gran tribulación y describe la situación que se encontrará la comunidad frente a situaciones dolorosas y algunos falsos profetas que engañarán amenazando con apagar el amor en los corazones.

El Papa que observa lo que sucede y siente tremendamente los horrores e injusticias de este mundo, se inspiró con estas palabras de Jesús para iluminar este momento. Hagamos un esfuerzo para detenernos y abrámonos a la luz de lo que la Providencia nos desea regalar por medio de este mensaje.

Francisco se pregunta: “¿Qué forma asumen los falsos profetas?”. Dice que son como “encantadores de serpientes” que se “aprovechan de las emociones humanas para esclavizar”, o “charlatanes” que ofrecen solo remedos para los sufrimientos. Alude concretamente a la “ilusión del dinero que hace esclavos del lucro o de intereses mezquinos”, al “falso remedio de la droga”, a las “relaciones de usar y tirar” y “a las ganancias fáciles pero deshonestas”. Es el reino de la “vanidad”, “del engaño”, “de la confusión”, es decir los ámbitos del demonio “mentiroso y padre de la mentira”.

Expresión de lo anterior, expresa el Papa, es “la avidez por el dinero”, “la tierra envenenada” y la “migración forzada”. También en nuestras comunidades, la “acedia egoísta”, el “pesimismo estéril”, “la tentación de aislarse y entablar continuas guerras fratricidas” y “la mentalidad de lo aparente”.

Frente a esta desgarradora realidad el Papa insinúa lo que “podemos hacer” en este tiempo de Cuaresma: oración, limosna y ayuno. Pero no con fórmulas repetidas, sino la “oración que hace descubrir nuestros propios engaños”, la “limosna que hace compartir los bienes” y el “ayuno que hace experimentar lo que sienten aquellos que carecen de lo indispensable y nos hace estar atentos solo a Dios”.

La Espiritualidad de la Providencia se inscribe en la senda del discernimiento, por ello, esta palabra del Papa, nos ayuda a examinar las causas de nuestras desolaciones y profundizar en este tiempo de alerta que es la Cuaresma. Lo que nos sucede a nivel personal y social tiene causas muy concretas que este mensaje lo revela. No creamos ingenuamente que solo es “un mal de otros” y que nosotros, religiosos o laicos, solo tenemos que denunciar, si es que lo hacemos. Tenemos que examinarnos, desde la verdad del amor de Dios, y ser lúcidos para darnos cuenta de nuestros enfriamientos de la fe y de lo que significa para nuestra vida y de los que nos rodean. La desolación espiritual es un estado que, sin duda, anida hoy en nuestra iglesia, sobre todo en Chile (por supuesto que con otras causas además), pero la actitud de confrontación de lo que horada nuestro corazón es central.

La Madre Bernarda Morin decía: “No dejes jamás entrar la tristeza y sacúdela, como a una víbora que envenena y corroe las entrañas más nobles del corazón”. Ella, que era muy lúcida de lo que le sucedía, y que conocía muy bien la geografía de lo humano, sabe que la tristeza es una señal indeleble del mal espíritu que le gusta anidar en el corazón. Aprovechemos entonces este tiempo privilegiado de Cuaresma (arrinconando la falta de tiempo) para vivir la oración que convierte, el buen acompañamiento espiritual, lecturas que despiertan y los sacramentos que nos sanan. ¡Gran cosa es darse cuenta y colocar los medios! ¡Solo así esta cuaresma será de la Providencia!