16 de junio de 2013 – Un significativo evento se llevó a cabo en el Auditórium del colegio San Ignacio el pasado 15 de Junio, ya que buscando celebrar los 160 años de presencia de nuestra congregación en Chile, se realizó un hermoso acto conmemorativo.

Hermanas dispuestas a lo largo del trayecto hacia la entrada dieron la bienvenida a los invitados, lo que brindó un marco de familiaridad a quienes se hicieron parte del festejo.

En la ocasión, se sumaron a nuestra celebración Monseñor Cristian Caro, Arzobispo de Puerto Montt, la Sra. Josefa Errázuriz, alcaldesa de Providencia, Asociad@s Providencia, familiares de las hermanas, personal de las obras y ministerios, así como religios@s y amig@s.

La actividad se inició con la entonación de los himnos patrios de Chile y Canadá, interpretados por el coro de estudiantes del colegio SSCC. Luego, Hna. Ana Teresa Araya, superiora provincial, invitó a reflexionar sobre el sentido de la conmemoración. Seguidamente la Estudiantina del colegio Providencia de Concepción animó a tod@s l@s asistentes con sus melodías.

Intervinieron además el Sr. Hugo Zepeda Coll y la Sra. Alcaldesa de Providencia, y también deleitaron con la danza algunas alumnas del colegio Providencia de Temuco y del colegio Santa Clara.

Un interesante segmento del acto recreó a través de una bella coreografía la historia de la Congregación en Chile. Esta presentación estuvo a cargo de la Sra. Marcela Estay Euler, quien indicó que se buscó “dar cuenta de la proyección de la misión de madre Bernarda y su confianza en la Providencia de Dios”, lo que significó “un gran desafío pues implicó comprender en profundidad el significado que tiene para la Congregación esta convicción, que las ha mantenido comprometidas durante 160 años con la sociedad chilena, sin perder la impronta y el sello que es el legado de su fundadora. La emoción surge porque la creación la contiene y sus interpretes la vivencian. Transmitir por medio de la danza la fuerza que han tenido las Hermanas de la Providencia para sobreponerse a toda adversidad, en una clara opción por la vida, la que se expresa en su entrega incondicional y compasiva a los más pobres y necesitados, constituye un aporte al desarrollo espiritual de las alumnas. En esta fuerza que es dolor, esperanza y gozo,  se centró tanto en el trabajo de preparación como el diseño y la realización de la obra coreográfica. Ser parte de esta celebración fue una gran oportunidad de realización profesional y sobre todo de desarrollo personal, pues junto a mis alumnas pudimos encarnar parte de la historia de la congregación, involucrándonos afectiva y emocionalmente. Doy gracias por ello”.

La celebración culminó de manera muy sentida, cuando todas las hermanas presentes subieron al escenario con una rosa en la mano, mientras cantaban a la Providencia acompañadas por el resto de l@s asistentes en las tribunas, para luego terminar con alegría compartiendo un pequeño ágape, que simbólicamente hizo vida la manifestación del amor de Dios, expresado en la vida y la historia compartidas y construidas desde la fe.