Por Hna. Gloria García Tabilo, sp.
Colaboración coordinada por la Oficina de la Causa de Beatificación de Madre Bernarda Morin.
El 24 de junio del año 2009, siendo superiora provincial la hermana María Angélica Alvear, sp., el arzobispo de Santiago, cardenal Francisco Javier Errázuriz, emitió el Decreto de Introducción de la Causa de Beatificación de la Sierva de Dios Bernarda Morin y nombró el Tribunal Eclesiástico, constituido por presbíteros juristas y teólogos, al mismo tiempo que a la hermana Claudia Vargas, sp., como notaria-actuaria, para iniciar las sesiones de entrevistas a las personas que dieron testimonio sobre la fama de santidad de madre Bernarda Morin.
Este significativo paso en la Causa de la Sierva de Dios impulsó una serie de acciones claves para consolidar el proceso. Entre ellas, destacan la designación de postuladores y vicepostuladores y la creación de un comité de laicos probeatificación dedicado a las labores de difusión. Así mismo, se invistió un comité provincial que llevara adelante todo lo relativo a aspectos técnicos, como la recolección, clasificación y selección de documentos, pesquisas a los restos mortales, clausura de la fase diocesana junto al registro y seguimiento de favores pedidos a Dios y atribuidos a la intercesión de madre Bernarda, entre otras cosas. Un hito fundamental fue la redacción y revisión de la Positio Super Virtutibus, documento que expone las virtudes heroicas de la Sierva de Dios y que en noviembre del año 2024 fue positivamente juzgada por la comisión histórica del Dicasterio de la Causa de los Santos.
La Causa de madre Bernarda es antigua, histórica y escribir sobre el Decreto de Introducción, hace ya diecisiete años, es una invitación a recordar aquello que motivó su apertura. La figura de madre Bernarda, su carisma, su inteligencia y su preocupación permanente de que las hermanas se mantuvieran fieles al legado de la Providencia, a quien ella se confiaba por completo, fue un elemento gravitante para consolidar a la Congregación en esta parte del mundo, expandiendo de esta forma la obra caritativa y de solidaridad que a miles de kilómetros había iniciado Emilia Tavernier-Gamelin en Canadá. En la carta que la superiora general de la época, sor Virginia Schmidt, escribió a sus hermanas dando cuenta de la muerte de la fundadora en Chile, recordó algunos rasgos de su personalidad: “Su ardiente amor a Dios y al celo por su gloria la consumían; salvar a sus amadas hijas, y dar madres caritativas a los pobres huérfanos y desvalidos eran sus anhelos […] Todas sus enseñanzas contenidas en su mayor parte en circulares inspiradas sin duda por el Espíritu Santo, están basadas en el amor a Dios y al prójimo, en la imitación de Nuestro Señor Jesucristo, en el espíritu y máximas del santo Evangelio y en nuestras santas Constituciones”[2].
El amor de las hermanas hacia la insigne religiosa estaba tan arraigado, que, tras la unión con Canadá en 1970, Chile pasó a ser la provincia “Bernarda Morin”; pero la fama de santidad traspasó los muros del convento y desde su muerte en el año 1929, se mantuvo latente, a pesar de la frustración del primer intento de apertura iniciado en 1956 por la madre Lucinda Silva y su Consejo General y encomendado al presbítero Francisco Donoso.
Aún hay camino que recorrer y con fe esperamos, como muy bien nos recuerda madre Bernarda, que no debemos anticipar ningún juicio, esperando confiadamente lo que tenga que ser y en el momento que Dios disponga[3]. Ahora mismo se está a la espera del veredicto que dé tanto la comisión de teólogos como la de obispos y cardenales, necesario para presentar al Santo Padre y que él, entonces, emita el Decreto de Venerabilidad, si la iglesia así lo reconoce, título que se da a los Siervos y Siervas de Dios cuyas virtudes han sido declaradas heroicas, luego del proceso necesario para ello.
Finalizo esta breve nota, recordando las palabras del actual postulador, padre Giuseppe Guerra, sacerdote vicentino, en su visita a la que fue nuestra provincia Bernarda Morin en septiembre del año 2024, palabras que son muy iluminadoras sobre el cómo afrontar este tiempo: “La espera no debe ser inerte y pasiva. Cuanto más intensifiquemos nuestra oración con nuestras invocaciones a la Sierva de Dios para que interceda en nuestro favor ante el Señor para obtener gracias y milagros, tanto más será posible obtener el milagro necesario para la beatificación. No podemos anticipar el culto y los signos de culto que se refieren a los santos canonizados y a los beatos (aureolas, incienso, altares…); esto está absolutamente prohibido y se convertiría en un obstáculo insalvable para la beatificación. Pero podemos invocar la intercesión de la Sierva de Dios, por los múltiples motivos de sufrimiento que nos afligen a nosotros y a nuestros hermanos. La mejor manera de honrar y recordar a Madre Bernarda Morin es imitarla en la confianza ilimitada que tuvo en la Providencia durante toda su vida”[4].
La Sierva de Dios Bernarda Morin, mujer religiosa excepcional, sigue invitándonos a vivir el Evangelio de Jesús desde el carisma y espiritualidad Providencia, confiando en la amorosa y perenne presencia de Dios, al amparo de María, nuestra Madre de Dolores, que sostiene nuestro peregrinar con su fortaleza y compasión para ser signos de misericordia y de esperanza en medio del mundo, alzando la mirada y traspasando fronteras, con total abandono y confianza en Dios Providencia.
[1] Morin Bernarda, “Circulares a las superioras”, 1937, Circular N.º 2, 30 de marzo de 1911.
[2] Circular de Madre Virginia Schmidt, 20 de octubre de 1929. Archivo Provincial.
[3] Morin Bernarda, “Circulares a las superioras”, 1937, Consejos. Cita textual: “No anticipemos los pasos de la Divina Providencia”.
[4] Presentación de padre Giuseppe Guerra en su visita a Chile, 7 de septiembre de 2024.
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