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Con Eucaristía en la Comunidad Bernarda Morin nos unimos para despedir a Hna. Loreto Tapia

En la capilla de la Comunidad Bernarda Morin, en Providencia, Santiago, se realizó el 26 de enero la Misa funeral por la pascua de Hna. María Loreto Tapia Bernal, quien partió a la Casa del Padre el pasado 24 de enero en la misma Comunidad, donde pasó sus últimos años en compañía de sus queridas hermanas.

Dando gracias a Dios por la vida de Hna. Loreto, quien fue una mujer de fe profunda y gran fidelidad al Señor, la Eucaristía por su pascua fue celebrada por el padre Jorge Manríquez C.M., capellán de la comunidad Bernarda Morin, acompañado en el altar por el padre Maximiliano Parra, quien, además de Asociado Providencia, es capellán del Centro Educacional Santa Clara.

Este último, en sus palabras durante la Misa funeral, dirigidas a las Hermanas, familiares y cercanos de Hna. Loreto, destacó como un “bonito regalo” el poder “despedir a una persona tan querida […], tan humana, tan cercana y que mostraba siempre tanta disponibilidad para todo”. “Le doy gracias a Dios”, indicó el padre, “por haberla conocido, por haberla puesto en mi camino, y porque creo que, en la Providencia de Dios, ella me mostró este camino que ahora vivo”.

“Gracias Señor, porque conocimos una persona extraordinaria como la Madre Loreto, a quien tú le regalaste tantos dones que ella siempre supo poner al servicio de los demás y mostrar justamente el rostro providente que siempre nos acompaña […]. Ahora, con mayor razón, hermana Loreto estará pidiendo, orando por todos nosotros, que seguimos peregrinando en este mundo”, añadió asimismo el padre.

A continuación, compartimos íntegramente la necrología de la querida hermana, leída durante la Misa funeral por Hna. Jaquelina Juárez, superiora de la Comunidad Bernarda Morin:

 

NECROLOGÍA DE HERMANA
MARÍA OTILIA TAPIA BERNAL (398)

(Hna. María Loreto de Jesús)

24 de enero de 2026


“Porque sabemos que el que resucitó al Señor Jesús también nos resucitará con Jesús y hará que nos presentemos ante Él contigo.”

II Corintios, 4,14


 

Hermana María Loreto nació el 12 de diciembre de 1944 en Antofagasta. Hizo su ingreso a la Congregación el 7 de marzo de 1960. Profesó el 25 de marzo de 1962 y emitió sus votos perpetuos el año 1968.

El Señor la llamó a su encuentro y descanso eterno el sábado 24 de enero, celebrando su pascua en Santiago, a los 81 años de edad y 65 años de vida religiosa.

Hna. Loreto sintió el llamado a pertenecer a la comunidad de las Hermanas de la Providencia a muy temprana edad, ya que aún no cumplía los 16 años cuando hizo su ingreso a la Congregación.

Nuestra hermana se distinguió por ser una persona muy acogedora, bondadosa y siempre buscadora de la paz, por, sobre todo, su fidelidad a Dios y amor a la congregación. Su vida estuvo marcada por la sencillez, la fraternidad y una inteligencia luminosa, que supo poner al servicio de los demás con generosidad y entrega incansable, siendo un profundo testimonio de amor Providencia.

Humilde en su actuar y fiel a su vocación religiosa, nuestra hermana Loreto fue prudente, servicial y providente con quienes la rodeaban. Se destacó por su espíritu alegre, su trato cercano y su capacidad de escuchar con paciencia y ternura.

Como Hermana de la Providencia, puso al servicio los dones que recibió del Señor desempeñándose en múltiples funciones y ejerciendo con dedicación y sabiduría la dirección de diversas instituciones educacionales, donde dejó huellas de cariño, respeto, liderazgo inspirador y compromiso evangelizador. Siempre abierta a colaborar y responsabilizarse en las grandes celebraciones litúrgicas y festejos de la Provincia con delicadeza y ternura.

Confiada en Dios Padre y abandonada en el amor providente, se caracterizó por su apertura al cambio, su disponibilidad generosa y su espíritu visionario. Fue una religiosa ejemplar, respetuosa, fiel, creativa, compasiva y profundamente fraterna, que amó con sinceridad a sus hermanas de comunidad y a toda su familia, y cultivó innumerables virtudes: la paciencia, la esperanza, la alegría y una fe inquebrantable. En sus últimos años, sufrió con paciencia y espíritu de fe la enfermedad que la llevó a ingresar a la enfermería provincial formando parte de la Comunidad Bernarda Morin, donde fue acogida con inmenso cariño por sus hermanas y todos los colaboradores que aquí trabajan.

Hoy la recordamos como una mujer íntegra, admirable y excelente religiosa, cuyo testimonio de vida permanecerá como legado de entrega y amor.

Su partida la sentimos profundamente, pero nos consuela la certeza de que vive ya en la plenitud del amor de Dios a quien se consagró.

Querida Loreto, hoy damos gracias a Dios por tu vida y te decimos:

DESCANSA EN PAZ Y ORA POR NOSOTRAS

 
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