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Con cariño despedimos en su Pascua a nuestra querida Hna. Amanda Vilches

Este 6 de marzo, las Hermanas de la Providencia – Bernarda Morin se reunieron presencialmente y a distancia —a través de la transmisión por internet— para despedir en una Misa funeral a Hna. Amanda Vilches Alcayaga, quien partió al encuentro del Padre el 4 de marzo, a la edad de 80 años.

En la capilla de la Comunidad Bernarda Morin, hermanas, familiares y cercanos de Hna. Amanda agradecieron por su destacada vida de fe, servicio y amor. La Eucaristía fue presidida por el padre Jorge Manríquez C.M., capellán de la Comunidad.

Durante la homilía, el padre destacó la compasión y amor de Dios Providencia, quien nos prepara una morada junto a él, tal como la ha preparado en esta ocasión para Hna. Amanda: «Si bien a nosotros nos gustaría que Hna. Amanda siguiera acá, entreteniéndonos y alegrándonos con su estilo de vida, esto sucede porque somos egoístas, la queremos con nosotros. Ahora ella ya está junto a Dios. Y lo más especial de todo esto, es que mañana […] es ella quien nos va a recibir, así como a ella hoy son los pobres quienes le abren la puerta del Cielo. Son aquellas personas que vivieron con ella y que partieron antes que ella, quienes le están diciendo: “bienvenida, te estábamos esperando”».

Las Hermanas de la Providencia en Chile agradecen las variadas muestras de cariño y cercanía recibidas en esta Pascua de Hna. Amanda, cuyo testimonio tocó profundamente a todos a su alrededor, quienes en esta despedida honraron su memoria.

Compartimos a continuación la necrología de nuestra querida hermana, leída durante la Misa funeral por Hna. Orietta Coopman, líder local de su comunidad:

 

NECROLOGÍA DE HERMANA

AMANDA MAGDALENA VILCHES ALCAYAGA

(Amanda del Rosario)

  (474)

04 de marzo de 2026


“Porque sabemos que el que resucitó al Señor Jesús también nos resucitará con Jesús y hará que nos presentemos ante Él contigo”

II Corintios 4, 14


Hermana Amanda nació el 19 de agosto de 1945 en Calama. Hizo su ingreso a la Congregación el 10 de febrero de 1964. Profesó el 10 de abril de 1966 y emitió sus votos perpetuos el 22 de marzo del año 1975.

El Señor la llamó a su encuentro y descanso eterno el miércoles 04 de marzo, celebrando su pascua a los 80 años de edad y 60 años de vida religiosa.

Hna. Amanda una mujer valiente, con espíritu de servicio y amor, especialmente hacia los más pobres. Siempre atenta al dolor, no era indiferente a ningún sufrimiento y le hacía seguimiento. Era común en ella visitar a enfermos, llamar por teléfono para saber cómo va la salud, la familia.

Amandita, como le decíamos, era de los mil amigos, pero amigos de verdad, de toda la vida, porque cuando se daba, se daba de corazón. Muy Providencia, muy apostólica, pero por sobre todo, muy servicial y atenta a las necesidades de los demás. Tenía maneras muy particulares de hacer el bien, siempre preocupada de que todos tuvieran sus sacramentos. Preparó a muchas personas para su primera comunión y confirmación, fue puente para bautizos y matrimonios. Jamás decía «no» cuando de las cosas de Dios se trataba. “Voy a ir a bendecir una casa en la tarde”, eran frases fáciles de escuchar de su boca.

Amante de la vida de los colegios, no dudaba en ayudar en la formación pastoral de los asistentes de la educación. Este último tiempo, cerca de los trabajadores de Maipú, y además mantenía su perseverante servicio en el Comedor Emilia Gamelin, de los hermanos en situación de calle, a quienes atendía con amor y fidelidad todos los viernes. Se entregaba con pasión al acompañamiento de su comunidad de Asociados Providencia de Santa Rosa. En definitiva, como todos nosotros, no fue perfecta, pero marcó huella y de eso todos somos testigos y no nos cabe duda de su servicio apostólico, sus ansias de evangelizar y hacer el bien y de su entrega al que más necesitaba de la Providencia de Dios.

Su presencia no se limitó a las obras Providencia, sino que fue más allá. Activa participante en instituciones de ámbito eclesial, entre ellos la Conferencia de Religiosos de Chile – Mutual de Salud.

Su repentina partida la sentimos profundamente, pero nos consuela la certeza de que vive ya en la plenitud del amor de Dios, a quien se consagró con tanta caridad.

Querida Amanda, hoy damos gracias a Dios por tu vida y te decimos:

 DESCANSA EN PAZ Y ORA POR NOSOTRAS.

 
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