Por Juan Carlos Bussenius, coordinador del Centro de Espiritualidad Providencia (CEP).

Con esta frase de título, extraída de una carta de Madre Bernarda Morin (Cartas Circulares N°23), quisiera re-comenzar las actividades normales, luego del receso del verano. Las palabras de Madre Bernarda son el resultado de una profunda fe en la Providencia. Una constatación que Dios está presente en todo lo que vivamos, aunque muchas veces no seamos absolutamente conscientes de este misterio. La Madre siempre vivió acogiéndose al amor de Dios, pero no siendo pasiva. Todo lo contrario, construyendo con su libertad, su responsabilidad e inteligencia la obra de la Providencia. El desafío para un nuevo año surge al confiar profundamente en Dios, pero siendo forjadores de un mundo en evolución permanente. No sabemos lo que va a acontecer, pero está clara nuestra exigencia para ese devenir. Hoy, con tantos desafíos que tenemos como país, Iglesia, obras de la Congregación y a nivel personal, resulta imperioso ser creativos e innovadores, colaborando con la Providencia de Dios. ¡No seamos pasivos! Al terminar el año podremos tener errores o caídas y reconocer nuestras culpas, sin embargo, nos atrevimos a exponer nuestros “talentos” frente a esta realidad que nos urge como personas de fe. ¡Despertemos la presencia de lo sagrado que nos habita y todo puede cambiar!

El papa Francisco en su mensaje para la Cuaresma de este año, propone tres puntos: “la redención de la creación, la fuerza destructiva del pecado y la fuerza regeneradora del arrepentimiento y del perdón”. En un contexto de crisis eclesial y de escándalos, el papa nos invita a tener confianza y a contribuir como cristianos.  Propone a San Francisco de Asís que lo “transfiguró todo”. Tenemos el camino de la Cuaresma para “renunciar a uno mismo (…), para salir de nosotros mismos y de nuestra acumulación de riquezas”. Si vivimos realmente como hijas e hijos de Dios, dice el papa: “la creación se beneficiará de nuestro modo de actuar”. Es un camino justamente para obrar.

Sabemos que el comienzo de un recorrido es central; no podemos iniciar los caminos desviados de nuestro sendero. Se trata entonces, de direccionar nuestra senda al recomenzar las actividades normales del año. La cuaresma es la ruta inicial que nos orientará hacia donde queremos llegar. En medio de la vorágine actual nuevamente escuchamos las palabras de Madre Bernarda: “suceda lo que sucediere, tenemos a Dios, y con Dios lo tenemos todo”. ¡Somos caminantes confiados durante este año!