Por Juan Carlos Bussenius, coordinador del Centro de Espiritualidad.

En medio de una sequía extrema, hace pocos días amaneció parte de la comuna de Providencia inundada por una ruptura de una matriz en la distribución de agua potable. Las aguas se tomaron las calles, creando un inusitado río que sorprendió a los habitantes de ese sector. Nadie se imaginó la sincronía que iba a tener este suceso.

Al día siguiente vivimos un acto de expresión social ciudadano que ha inundado todo Santiago, con olas de violencia que han desbordado todo control y que continúan hasta hoy. Hace días que venían los estudiantes reclamando en las estaciones del metro por la subida de los precios. Sin embargo, con una falta de visión extrema, el gobierno lo enfrentó solo con represión policial. Incluso se vanagloriaba el presidente Piñera que Chile era “un verdadero oasis en una América Latina convulsionada” (9 de octubre). Lo que se inició como manifestaciones en contra del alza del metro, hoy irrumpe contra todo un sistema. Por eso la solución no es la ingenuidad de creer que bajando los precios todo se calme. Es el gobierno el que está en jaque, pero lo que comienza a desbordarse es la toma de conciencia de un modelo económico y social que logró avances en el crecimiento, pero con un nivel de desigualdad extremo. El desarrollo de Chile ha sido a costa de los que se encaraman en el endeudamiento para lograr llegar a fin de mes, los que sufren por las malas condiciones de la salud pública y los que están en la pesadilla de las horrendas pensiones.

Chile es un dramático ejemplo de un desarrollo tumoral en lo económico y social, en salud, educación, vivienda, etc. Da vergüenza contemplar los grados de segmentación social que tenemos en Chile, con una base larvada de clasismo inveterado, que origina frustraciones, odio, rabia, pérdida de sentido y enfermedad, a nivel individual y social. Por algo los chilenos tenemos una alta cuota de problemas de salud mental; nos cuesta expresar lo que “tenemos dentro”. De ahí a canalizar por el alcohol y otras drogas lo que dentro huele mal. Siempre conteniendo, con un saldo de agresividades al por mayor, en el cual las barras bravas tiene su correlato social.

Sin embargo, hoy se quebró el dique, agrietado por la fuerza juvenil que siempre ha sido origen de cambios. Nada nuevo pero siempre sorprendente. Los centennials han abierto la caja de Pandora dejando los demonios en el aire, con la impetuosidad brutal de lo que había estado contenido por años. Por eso son impresionante las manifestaciones sociales, y puede ser entendible, aunque no aprobemos, la violencia irracional en sus manifestaciones. Nuestras autoridades, que estén a la altura de lo que hoy se les exige: una mirada profunda a todo lo que acontece y gestos sabios frente a una patria golpeada.

Hay ahora un trasvasije, eso sí. Ya no se escuchan tanto los centennials, es todo un pueblo que clama por su herida no reconocida y siempre no sanada. Bendito momento, aunque sea oscuro y temeroso.

Pero luego de las piedras y de las cenizas vendrá otro período. Será la hora de atrevernos a re-construir nuevamente el “alma de Chile”, como nos dijera en otro momento oscuro el Cardenal Silva. Ojalá que los hombres y mujeres de fe seamos capaces de aportar para la búsqueda de un nuevo Chile. Sabemos que es una tarea titánica, pero estamos en primavera. Desde nuestra fragilidad sin ingenuidades, apostemos para que este momento sea fructífero. Cuando se apacigüen  y bajen las aguas, será la apuesta por la construcción de un Chile más justo y más equitativo  que buenamente ha despertado. No dejemos nuevamente que se adormezca. Los cristianos tenemos vocación de soñar, más allá de las propias pesadillas que hemos tenido. La solidaridad, la justicia y el amor no son palabras, son tareas por enfrentar para un país que sufre.  No nos acostumbremos en este sistema neoliberal. Seamos críticos, aleguemos y no dejemos que el poder de los que tienen más nos empalague. Es hora de ser voz de los sin voz, como se dijo en el tiempo de la dictadura. Nuestro horizonte son los empobrecidos por este sistema neoliberal, cruel e injusto.

La tarea comienza hoy. Seamos creativos, pensemos que nuestra esperanza vino de los sin esperanza, como se dijo en otra revuelta de estudiantes, en mayo del 68. Y a propósito, seamos realistas, pidamos lo imposible. Esto, sí, es vocación de cristianos.

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Fuente imagen: Protestas en Chile de 2019, Santiago, Chile. This file is licensed under the Creative Commons Attribution-Share Alike 4.0 International license.