Por Juan Carlos Bussenius, coordinador del Centro de Espiritualidad Providencia.

La Madre Bernarda Morin se refiere a “la ciudad del amor propio”, en una de sus cartas, aludiendo a vivir desde el egoísmo, la ira y la vanidad, versus la “ciudad del amor divino”, en que se vive desde la entrega, la donación y la misericordia (Carta Circular 18). Este elemento de su espiritualidad se concretizó en ella desde su opción por los niños abandonados, los enfermos y los empobrecidos, marcando el apostolado de la Congregación de las Hermanas de la Providencia en Chile. Una lectura actual de esta intuición de Madre Bernarda podría significar salir del egocentrismo en que nos ha encandilado este sistema, logrando ver el sufrimiento y escuchando el clamor y las angustias del pueblo (Éxodo 3, 7). Se sale del individualismo, exponiéndose al encuentro del prójimo en clave del buen samaritano (Lc. 10, 34).

Hoy, una tremenda venda de los ojos se ha caído y nos hemos damos cuenta, incluso con vergüenza, los que hemos sido en parte beneficiados por este sistema, cómo hemos vivido tantos años de manera tan desigual. No amparamos obviamente la violencia y la destrucción que se está viviendo, pero empatizamos con los empobrecidos que gritan hoy su miseria y abandono. Vivir estos revueltos tiempos es ocasión para discernir si hemos caído en la ciudad del amor propio, por ignorancia, falta o comodidad, y cómo podemos optar por la ciudad del amor divino. El contexto puede ser ocasión para crecer y profundizar nuestra opción por los empobrecidos y ser conscientes de nuestras debilidades personales y como Iglesia. Hoy, habrá que trabajar desde el silencio y la humildad, claves importantes de la espiritualidad de las Hermanas de la Providencia.

La Providencia nos hace encontrarnos ahora con el tiempo litúrgico de Adviento. Surge inmediatamente la palabra de Isaías: “El pueblo que andaba en tiniebla ha visto una gran luz” (9,2). Frente a tanta desesperanza nos invade la esperanza al colocar nuestra mirada en Dios Providente. Fijamos lo que somos en Él para observar estos tiempos violentos y no caer en el desamparo ambiental. Sin ingenuidad, nos constituimos como pueblo, lo que ha sido una gracia en la desgracia. Vamos en camino, alternando momentos de luz y de oscuridad como pueblo peregrino. Si somos factores de encuentro, de diálogo, de paz con justicia, viviremos la profecía de Isaías. Salir al encuentro del que sufre; escucharlo, verlo y sentirlo. Estos tiempos revueltos son ocasión para no ocultar nuestra fe, y sin colocarnos la insignia de cristianos, ser factores de unidad y de acogida.

Un elemento luminoso en medio de las oscuridades es el apaciguamiento del consumo. Por estos tiempos complejos, no hemos caído en la locura de las compras de fin de año. Ocasión para vivir con más verdad estos momentos y el de Navidad. Oportunidad para despejarnos y vivir con más sentido la vigilante espera de la venida de Dios. Tiempos para encontrarnos, acogernos, recibir y dar cariño. Las circunstancias nos han llevado, ahora sí, a construir un Adviento y posteriormente una Navidad con sentido, lo que tanto hemos expresado y anhelado otras veces.

Adviento recrea la gran paradoja de quien se pone a esperar a alguien que ya está a su lado. La contingencia de hoy nos llama a concretizar con gran fuerza este misterio litúrgico. El escenario nos lleva a trabajar y a orar, para que podamos reconocer a Dios que camina a nuestro lado. Adviento, así, se convierte en una necesidad profunda que necesitamos hoy, más que nunca. Grita por la liberación de todas las esclavitudes y la vigilante espera de la venida de Dios. ¡Qué mejor momento para alojar en la ciudad del amor divino!

 


Compartimos con ustedes un calendario de Adviento, que nos ayudará a prepararnos para la Navidad. Quien lo desee, puede descargarlo desde la imagen o a través del siguiente enlace: Calendario Adviento 2019.