Por hermana Gloria García, sp, directora del Centro Educacional Santa Clara, perteneciente a la Fundación Victoria Larocque.

Con alegría respondo a la invitación de poder compartir nuestra experiencia en la eucaristía celebrada en el Parque O´Higgins por el primer Papa latinoamericano: Francisco ¡Sólo así, en la sencillez de Francisco!

Con mucha emoción recorrimos con señora Herta Sandoval, a las seis de la mañana, las calles de Santiago para llegar prontamente al Parque O´Higgins y encontrarnos con nuestro grupo de voluntarios y voluntarias que pasaron la noche allí. Nuestro objetivo era vivir el martes 16 de enero la celebración eucarística con Jesús, ayudando a todos los peregrinos a tomar ubicación y prestarles cualquier servicio que requirieran.

Mientras esperábamos la llegada del Papa en nuestros lugares de servicio, tuvimos el contento de poder ver en pantallas gigantes el encuentro en La Moneda con la presidenta de la república y autoridades de gobierno. Momentos muy emotivos y ovacionados por todos.

A su arribo al parque, después de los aplausos y bienvenidas mientras recorría los diferentes sectores saludando y bendiciendo, a las 10:20 horas el Papa Francisco avanza hacia el altar, adelantándose a lo previsto e iniciando la tan esperada eucaristía por “la paz y la justicia” con una multitud impresionante. Miles de jóvenes pasaron la noche en el parque para vivir este encuentro con Francisco, entre ellos nuestras estudiantes voluntarias, padres, profesoras y asistentes de la educación; preparándose para servir mejor en este magno encuentro espiritual. Recibieron su recompensa al escuchar a Jesús en las palabras de Francisco. Jesús nos sorprende diciéndonos por Francisco que “al ver a la multitud” (Mt 5.1) él ve el rostro de los suyos, mira a cada uno y nos regala la sonrisa de la paz y de la misericordia, mira a la persona. Cómo no dar gracias a Dios por este mirarnos e invitarnos al corazón para seguirlo desde el amor, la paz y la misericordia; pero, sobre todo, porque en su mirada pudimos encontrar “el eco” a nuestras inquietudes, búsquedas y anhelos, considerándonos en todo el sentido de la palabra “los suyos, las suyas”.

Nos correspondió servir como guardias papales en los diferentes espacios o “corrales” preparados para una mejor organización de la ubicación de los peregrinos. Nuestras jóvenes tuvieron la alegría de situarse, en su voluntariado, muy cerca del Altar, como así mismo el resto del grupo participante de nuestro centro educativo. Junto a la señora Herta Sandoval, Coordinadora de Pastoral y Asociada Providencia de nuestro colegio, prestamos el servicio de ministros de comunión. Fue muy emotivo ver profundas muestras de fe y caminar entre la multitud, con el Señor que miraba y se ofrecía a los suyos en la humildad de un trozo de Pan partido y compartido. Emocionaba ver a tantos jóvenes de rodillas, reverenciando al Dios que aman y por el cual se atrevieron a dejar tantas cosas para estar allí, entre miles y miles, en un profundo silencio y conmovedor respeto.

Francisco nos dice que seremos bienaventurados, bienaventuradas, si seguimos apostando al futuro, porque las bienaventuranzas son para quienes sueñan y se dejan tocar e inducir por el Espíritu de Dios que da vida y vida en abundancia. Seremos dichosos, dichosas, si impulsadas por el Espíritu trabajamos por la felicidad de otros, donándonos para que otros tengan paz y dicha. Nos insistió que, si queremos ser testigos y vivir en paz, debemos entonces trabajar por esa paz, creyendo firmemente en las personas y en el poder transformador de Dios que hará que las cosas cambien o se renueven. De una manera particular, debemos confiar en tanta juventud que formamos en nuestros colegios, ellos y ellas son el presente y son el futuro de estas bienaventuranzas.

Entre tantos mensajes significativos que entregó, destacamos dos convincentes invitaciones que nos llevan a la reflexión de hacer el bien porque, tomándose de los pensamientos de Alberto Hurtado, dijo fuertemente: “Está bien no hacer el mal a nadie, pero está muy mal no hacer el bien” o “si quieres la paz, trabaja por la justicia” evocando a don Raúl Silva Henríquez. Sentencias muy fuertes y de todos los tiempos que nos invitan a volver nuestra mirada al único centro: Jesús. Él es el Sumo bien, él es la paz, él es la justicia, la vida, el amor, la verdad.

Ciertamente, fue un encuentro multitudinario con el Dios de la paz y de la vida, con el Dios de la mirada misericordiosa y de la sonrisa cómplice con los suyos, por lo que sólo podemos decir ¡Gracias! ¡Gracias Señor, por la grandeza de tu amor!

Al terminar la eucaristía continuamos apoyando a los peregrinos para ayudarlos a salir del sector; tuvimos la alegría de encontrarnos con nuestras queridas madre Gerardina y Alicia que llegaron también muy temprano a esta hermosa celebración, salimos juntas del parque y a la distancia pudimos ver a la querida hermana Teresita Rubio, no logramos saludarla y unirnos a ella porque el flujo de peregrinos no lo permitió.

El lema de su visita fue “Mi paz les doy” y eso es lo que nos dejó en el corazón.